Lateralidad e dominancia cerebral

Lateralidad e dominancia cerebral

La mayoría de los animales prefieren utilizar un lado del cuerpo más que el otro. Son preferencias individuales que sólo en los seres humanos se han convertido en una preferencia de especie. ¡Bueno, en los humanos y en los cuervos de Nueva Caledonia, que también muestran una predilección por el uso preponderante de su lado derecho! Esta lateralidad funcional, relacionada con la dominancia hemisférica cerebral, abre nuevas vías para comprender el mundo de los zurdos, la especialización hemisférica cerebral y el origen y funcionamiento de algunas actividades mentales superiores, como la memoria o el lenguaje humano.

El cuervo de Nueva Caledonia es un pájaro con fama de listo. Desde hace más de una década se le ha visto servirse de ramitas y de hojas para extraer insectos y larvas de las grietas de los troncos. En el último par de años se sospechaba que tan astuto animal era capaz incluso de fabricar tales herramientas para ese propósito concreto.

El tema es serio. Una cosa es aprovechar materiales encontrados por ahí para utilizarlos en una acción precisa (estrategia que ponen en práctica muchos animales) y otra muy distinta es construir expresamente utensilios para beneficiarse de su uso. Si se podía comprobar que esto era así, no habría duda de que el pájaro neocaledoniano vería incrementar algunos puntos su ya alto cociente de inteligencia.

Pues bien, tres psicólogos animales de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, comandados por Gavin Hunt , que lleva ya quince años estudiando la conducta de los córvidos, publicaban un interesante estudio el pasado mes de diciembre (“Nature”; 13 de diciembre de 2001). En él no sólo confirmaban la naturaleza constructiva de herramientas aguzadas por parte del cuervo de Nueva Caledonia sino también el hecho sorprendente de que este animal exhibe una marcada lateralidad en la realización de tales utensilios. Para los autores de este trabajo, se trata de “la primera demostración de lateralidad en habilidades manipuladoras que muestra una especie, además del ser humano”.

¿Cómo ha sido posible detectar en el cuervo de Nueva Caledonia (“Corvus moneduloides”) el predominio de una mitad del cuerpo sobre la otra durante la realización de utensilios? Pues observando atentamente cómo el ave realiza tan provechosa tarea. El cuervo “talla” sus herramientas utilizando como materia prima las hojas del pándano (“Pandanus utilis” u otras especies de este mismo género). Este árbol presenta puñados apretados de hojas largas y estrechas, glaucas y recias, con espinas en los márgenes y en el nervio central del envés. El pájaro recorta con el pico un pedazo puntiagudo de hoja de unos 18,5 cm de largo y algo menos de 1 cm de ancho.

En su trabajo sigue una secuencia precisa de acciones, ya que empieza siempre por el extremo aguzado de la herramienta, y en la mayoría de las ocasiones, a partir del margen izquierdo de la hoja, que recorta con el lado derecho del pico, guiándose con el ojo derecho. Se ha comprobado que la hoja se corta longitudinalmente con igual facilidad partiendo del margen izquierdo o derecho, y “no hemos podido observar razón alguna que explique esta preferencia por trabajar de izquierda a derecha”, asegura Hunt después efectuar con su equipo más de 3.700 inspecciones en diecinueve puntos de observación repartidos por toda Grande Terre, la mayor de las islas de Nueva Caledonia .

En cualquier caso, las herramientas fabricadas por los cuervos eran muy parecidas entre sí y sus características no estaban determinadas por el material utilizado sino que implicaban un “programa neural” establecido. Por eso, “la lateralidad en los cuervos puede reflejar la complejidad de la realización secuencial de herramientas y una especialización del sistema ojo derecho-hemisferio izquierdo en la ejecución de acciones secuenciales no espaciales”, condensan los investigadores.

 

Loros zurdos, ballenas diestras y bebés chimpancés

Son muchos los animales con una mitad del cuerpo predominante sobre la otra. En las aves, por ejemplo, muchos loros y cacatúas usan preferentemente la pata izquierda para sostener el alimento o para llevárselo a la boca. En cambio, las ballenas jorobadas tienen preferencia por su lado derecho, y así lo manifiestan cuando capturan a sus presas o cuando dan coletazos sobre la superficie del agua. Perros, gatos y caballos también muestran una preferencia por uno u otro lado del cuerpo.

Con los chimpancés se observa una circunstancia curiosa, ya que aproximadamente la mitad de la población presenta preferencia por una mano u otra en su medio natural, mientras que en cautividad la mayoría de los individuos se decanta por la mano derecha. Para la antropóloga biológica Martha Holder, de la Universidad de Indiana en Bloomington, “la reclusión de animales en condiciones ambientales y sociales artificiales favorece los cambios conductuales”. Esta científica ha estudiado el uso de la mano predominante en el desempeño de distintas tareas manipulativas en grupos de gorilas de la montaña y chimpancés, así como en monos colobo rojo, monos de cola roja y monos mangabey de mejilla gris.

Entre sus conclusiones se afirma que si bien la mayoría de individuos prefiere a menudo el uso de una u otra mano en la realización de tareas operativas, “no he encontrado pruebas convincentes de preferencia o dominancia de una mano a nivel de especie, como se advierte en los humanos”.

Con ánimo de aportar otros datos sobre el predominio de una u otra mano, más allá de los condicionantes de carácter ambiental, los primatólogos Bill Hopkins y Jeremy Dahl, del Yerkes Regional Primate Research Center, en Atlanta, consideran que entre los chimpancés, los factores genéticos (aún indeterminados) y el orden de nacimiento tienen una gran influencia en la establecimiento de la mano que prefieren utilizar en la ejecución de determinadas tareas.

En un estudio (“Psychological Science”; julio de 2001), estos investigadores examinaron a 134 parejas madre-bebé chimpancé, que distribuyeron en dos grupos según el orden de nacimiento del bebé. Así pudieron comprobar que los bebés primogénitos o tardíos presentan muchas más probabilidades de ser zurdos que los bebés intermedios, debido a “ciertos factores biológicos muy potentes involucrados en la configuración de la organización cerebral, que de alguna manera ocasiona la zurdera o predominio de la mano izquierda”, manifiestan los investigadores, que sostienen que entre los chimpancés los diestros doblan en número a los zurdos (en el ser humano esta proporción se sitúa en torno al 10%, como se comenta más adelante).

Estos investigadores esperan ahora iniciar estudios hormonales en chimpancés embarazadas y realizar análisis genéticos amplios, ya que sospechan que la predominancia de una u otra mano posee una fuerte base genética.

 

Genes huidizos y ecografías bajo sospecha

También en humanos es mucho más frecuente que un niño sea zurdo si uno o ambos de sus progenitores lo son. Se estima que el 46% de la descendencia de una pareja zurda también preferirá el uso de la izquierda, mientras que sólo el 4% de la descendencia de una pareja diestra presentará un predominio de uso de la izquierda.

Las madres zurdas tienen más descendencia zurda que los padres zurdos; así, el 64% de niños con madres zurdas y el 17% de niños de padres zurdos prefieren el uso de la mano izquierda, según un estudio de Michael Harkins (“Developmental Psychobiology”; setiembre de 1988).

Porcentualmente, hay más hombres zurdos que mujeres y en los países anglosajones hay más zurdos que en los países mediterráneos (tradicionalmente más restrictivos con la zurdera). Aunque se determina que el 10% de la población es zurda (otros elevan este porcentaje hasta el 15%), se dice que sólo el 65% de la población son diestros verdaderos, dado que son bastante frecuentes los casos de lateralidad cruzada, manifestada con el predomino mano derecha-pie izquierdo o viceversa.

Muchos de estos datos hacen pensar que la zurdera sea una mera cuestión de genes. En 1996, el genetista Amar Klar sugirió que un único gen hacía que una persona fuera diestra. Klar aseguraba que el 80% de la población expresaba este gen y los que no lo hacían tenían las mismas posibilidades de ser diestros o zurdos. Por el momento este gen huidizo no ha sido aún identificado, aunque muchos expertos no creen que el predominio de una mano sobre la otra sea una cuestión “tan simple”.

En otras ocasiones, además de los genes, las investigaciones para desentrañar las causas de la zurdera se han centrado en la edad de la madre (las madres de entre 30 y 35 años tienen un 25% más de probabilidades de tener descendencia zurda), las condiciones ambientales uterinas durante el embarazo (altos niveles de testosterona favorecerían la preferencia de la mano izquierda en el niño) o de las circunstancias perinatales (nacimiento pretérmino o un bajo peso al nacer), que se creían que incitaban la preeminencia de una mano sobre la otra. En muchos casos, a pesar de la aparente ingeniosidad de algunas hipótesis, no existen pruebas convincentes que permitan realizar una afirmación contundente.

No obstante, en estos últimos tiempos, se habla insistentemente de la posible influencia de las pruebas ultrasónicas (ecografías) como causa determinante de la zurdera. En un estudio reciente (“Epidemiology”; noviembre de 2001), Helle Kieler , del Instituto Karolinska, en Suecia, ha establecido que las mujeres embarazadas que se someten a dos pruebas ultrasónicas (después de las 17 y de las 37 semanas), tienen el 32% más de probabilidades de tener varones zurdos que las embarazadas que no se efectúan tales pruebas.

Parece ser que las técnicas ultrasónicas “alteran de alguna manera el desarrollo normal del cerebro” masculino, “posiblemente -apunta Kieler- debido al fenómeno de la cavitación , que afectaría la migración neuronal en los primeros estadios del desarrollo”. Tan contundente aseveración no es compartida por los expertos, que no aceptan que los ultrasonidos pueden alterar tan selectivamente el cerebro humano.

Este estudio sueco es metodológicamente correcto, pero quizá no ha tenido en cuenta posibles influencias ambientales postnatales o ha pasado por alto otras condiciones de la madre gestante. Y lo que a todas luces parece es considerar la zurdera como un marcador del desarrollo anormal del cerebro masculino, ya que la realidad invalida por completo una suposición tan vacua. Kieler ha recordado que en un estudio suyo anterior no se observó que los ultrasonidos afectaran el predominio de una u otra mano en niñas, cuyo desarrollo cerebral es más rápido.

Pero de todo es posible sacar alguna enseñanza. Estudios de esta índole, por controvertidos que sean, quizás sirvan para alertar sobre la remota “nocividad” de unas “técnicas inocuas” para casi todos. Así, como medida de precaución, algunos expertos sugieren que deberían evitarse las ecografías rutinarias o realizadas como meros recuerdos, ya que esta prueba diagnóstica debe efectuarse siempre bajo un estricto criterio médico con los fines exclusivos de determinar el estado general de salud del feto y la buena marcha del embarazo.

 

El milagro de la vida y la lateralidad

Genes inexpresados, baños fetales de testosterona e incluso ecografías trastocadoras… Todo parece indicar que los zurdos viven de milagro, inmersos en un turbio pasado y aquejados por todo tipo de desgracias. Si bien las cosas han cambiado mucho en las últimas décadas, a los zurdos aún se les imputan desde trastornos de aprendizaje, bajo rendimiento académico y dificultades con la lectura y el cálculo hasta un mayor índice de enfermedades respiratorias, gastrointestinales e inmunológicas, sin olvidar una mayor torpeza manual, la desorientación espacial y un riesgo triplicado de convertirse en alcohólicos, entre otras lindezas. Sin embargo, la mayoría de estos “trastornos” son más infundados que reales y nunca se han podido demostrar en estudios epidemiológicos serios.

Otra cosa son los zurdos contrariados (zurdos obligados a actuar y a comportarse como diestros), en quienes se puede observar algunas vacilaciones en el desarrollo psicomotor y ciertos problemas de adaptación, compartidos en ocasiones con personas ambidiestras o con aquellas que presentan una lateralidad mal definida. Así, pues, ni enfermedad ni trastorno ni dolencia ni tan siquiera un mal hábito que haya que remediar, la zurdera es “simplemente” la consecuencia de una determinada dominancia cerebral.

El ser humano nace con una organización cerebral establecida y pretender cambiar el predominio de una mano sobre la otra sólo acaba aportando confusión e inseguridad. El niño debe desarrollar su lateralidad espontáneamente.

Hacia los 3 años ya muestra una mano preferente, aunque suela probar ambas manos en numerosas ocasiones. A tan corta edad, la mayoría de los niños son ambidiestros. Hacia los 4 años se establece la preferencia de una mitad del cuerpo sobre la otra. Y hacia los 7 años, esta lateralidad se aposenta y el niño opta por una mano para escribir, un ojo y un oído prioritarios y una pierna y un pie para jugar al fútbol. En numerosos casos, inicialmente, se observa una lateralidad cruzada, y un niño diestro puede darle al balón con la pierna izquierda o una niña zurda puede ser diestra de ojo o de oído.

 

Cerebro, hemisferios y dominios cerebrales

El cerebro humano que es un órgano doble, formado por dos hemisferios que mantienen un diálogo constante y realizan un trabajo conjunto. La comunicación interhemisférica se efectúa básicamente a través del cuerpo calloso, un haz de unos 200 millones de fibras tendido entre ambos hemisferios.

Aunque son aparentemente similares, ambos hemisferios funcionan de forma distinta. Normalmente, un hemisferio domina sobre el otro. En los diestros, el hemisferio dominante es el izquierdo, que rige los movimientos del lado derecho del cuerpo, mientras que los zurdos se ven dominados por su hemisferio derecho, que rige el lado izquierdo del cuerpo.

Cada hemisferio presenta unas especializaciones funcionales concretas, ya que algunos de los mecanismos neurales conocidos se encuentran situados primordialmente en uno de los dos hemisferios. Así, el hemisferio izquierdo ejecuta preferentemente las funciones lógicas o matemáticas, el lenguaje o la escritura; mientras que el hemisferio derecho comanda predominantemente las funciones emocionales y creativas.

Es debido a esta especialización funcional hemisférica por la que los zurdos son considerados más sensibles e imaginativos, aunque también más torpes y menos locuaces que los diestros. Como contrapartida, se atribuye a los zurdos un cuerpo calloso más consistente, grueso y fibroso, gracias la cual la comunicación entre ambos hemisferios cerebrales se realizaría con mayor precisión y celeridad.

Pero no es imprescindible ser zurdo para poseer una buena interconexión hemisférica y un cuerpo calloso como dios manda. Es preciso, eso sí, tener parientes que sí lo sean. En personas zurdas o en diestros emparentados próximamente con zurdos (padre o hermano), al ser mayor el cuerpo calloso, los hemisferios interaccionan más activamente, según se desprende de un estudio (“Neuropsychology”; octubre de 2001) de Stephen Christman y Ruth Proppper, de la Universidad de Toledo, en Ohio.

Estos investigadores determinaron que una robusta interconexión cerebral otorgaba una mejor memoria episódica (recuerdo de experiencias junto con sus relaciones espacio-temporales) que los diestros sin parientes zurdos, aunque una peor memoria semántica (recuerdo del significado de las palabras o de datos descontextualizados).

Se sospecha que la información tiende a almacenarse en el hemisferio izquierdo, mientras que el contexto espacio-temporal lo hace en el derecho, por lo que una conexión interhemisférica eficaz ofrecería una mayor capacidad para evocar los recuerdos en su contexto temporal y espacial. Por su parte, la memoria semántica parece contentarse con un solo hemisferio para su funcionamiento, por lo que una buena interconexión no tendría tanta relevancia.

 

Zurdos con lenguaje bilateral

La relación entre el uso preferente de una mano y la lateralización de funciones cerebrales es un tema apasionante que viene de antiguo, concretamente de mediados del siglo XIX, momento en que el neurocirujano francés Paul Broca identificara una zona en la tercera circunvolución frontal del hemisferio izquierdo, a la que atribuyó la “residencia” del lenguaje articulado, zona que fue llamada posteriormente área de Broca.

Este científico también fue uno de los primeros en relacionar la lateralización del lenguaje con el uso preferente de una mano y tuvo la genialidad de precisar, a diferencia de otros científicos más burdos, la relación entre el uso de una mano particular y la lateralización del lenguaje con el desarrollo precoz del hemisferio izquierdo.

Estudios muy posteriores han señalado que la gran mayoría de las personas diestras muestran una lateralización izquierda del lenguaje. Sorprendentemente, en los zurdos acontece casi exactamente lo mismo, ya que gran parte de las personas zurdas o ambidiestras presentan una lateralización izquierda del lenguaje, si bien un porcentaje notorio de zurdos posee una lateralización derecha o una lateralización indistinta del lenguaje.

Con todo, quizás para complicar aún más las cosas, algunas funciones del lenguaje, como su contenido emocional, activan áreas especializadas del hemisferio derecho en personas con el área del lenguaje propiamente en el hemisferio izquierdo.

Por lo visto, en neurociencia, las relaciones claras y directas no se prodigan en exceso y las cosas son siempre algo más complejas de lo que se había temido en un principio. Por este motivo, cualquier ayuda, por extraña que pueda parecer, es bienvenida. Incluso si procede de una especie aparentemente tan alejada del ser humano como es el cuervo de Nueva Caledonia…

Así, se ha propuesto que la preferencia por la mano derecha del ser humano puede ser una consecuencia de la evolución del lenguaje, cuya área se encuentra predominantemente -como acabamos de ver- en el hemisferio izquierdo del cerebro. Sin embargo, los “inocentes” trabajos de Gavin Hunt y sus colaboradores con los cuervos neocaledonianos se decantan por la posibilidad de que la lateralización mostrada por una especie sea más bien una adaptación para la programación neural eficiente de un procesamiento secuencial complejo, del que tanto el lenguaje y la preferencia de la mano derecha en los seres humanos como la realización de herramientas en los córvidos parecen constituir ejemplos equivalentes.

 

fonte http://www.cienciadigital.net/febrero2002/frame_zurdos.html

Visitado em 16/06/07

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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